domingo, 11 de marzo de 2012

Katika les deja algo para que lean!



Un Secreto
En un día tan normal me he dado cuenta de cómo deberíamos vivir cada momento de la vida. Todos dicen vive cada segundo, vive el momento, vive la vida. Pero nadie te explica cómo.
Salí de la escuela como cualquier día, mi compañera me acompañó a tomar el bus como cualquier día. Subí al bus, cancelé el pasaje y miré hacia todos los asientos para elegir donde me sentaría. Tal vez sola, tal vez con alguien. Había un asiento desocupado y con una gran ventana por la que la brisa entraba a montón a causa de la velocidad. Siempre he amado ir en la ventanilla de cualquier vehículo y me distraigo en el camino viendo el mundo. Aunque el recorrido es el mismo de cualquier día en el bus que me transporta a casa, siempre me gusta mirar que puede haber de nuevo y deleitarme con lo que no me canso de ver.
Pero este día, empecé a contemplar el camino por el que iba y descubrí el secreto para no sentir cada día como cualquiera. Entonces, vi a una señora que paseaba a su perro o más bien el perro la paseaba a ella, vi también un señor que corría por alguna razón, luego note al muchacho que por ganar algo de dinero hacia malabares, observe por alguna parte que un niño hacia una pataleta y vi una casa estilo colonial. Pero aun, las casas eran las mismas, en la misma posición que ayer y que mañana. Y la calle era la misma, gris, mugrosa, llena de carros que la pisan como hoy y como mañana. La iglesia seguía allí, con la misma puerta, en el mismo lugar, con el mismo diseño de hoy y de mañana. Y si hubiese continuado viendo las mismas cosas en el mismo lugar de hoy y de mañana, caería en la vaga monotonía que te convierte en el muerto viviente.
Entonces sonó una canción suave, creo que era una balada como cualquiera. Y me dio nostalgia, no por la letra sino por lo suave y melodioso que encantaba mis oídos. Y ya no vi a una señora con un perro, sino a una persona con una historia que no conozco, pero que ahora forma parte de mi historia porque pasó ante mis ojos. Y ya no vi al señor que corre como cualquiera, sino a un señor con un destino y con alguna razón que justifique su afán y, tal vez no lo vea mas y tal vez no me entere de porque corría, pero es parte de mi historia porque me dio curiosidad algo de su vida. Y ya no vi a un muchacho más que hace malabares como tantos otros, sino a un muchacho con historias infinitas por contar, con infinitos porqués para replicar, o quizás con infinitas gracias por decir, y ya hace parte de mi historia porque mis ojos siguieron los objetos que con precisión lanzaba y recogía. Y ya no vi al niño que hacia una pataleta como cualquier otra, sino a mi misma en mis recuerdos de niña cuando quería algo y ser pequeña me impedía conseguirlo, y ya ese niño hace parte de mi historia porque removió algunos recuerdos que me hicieron sonreír. Y ya no vi la casa estilo colonial como cualquier día, sino a una familia siendo feliz dentro de ella, jugando o mirando el mundo desde el balcón, y la casa hace parte de mi historia porque fue más allá de mi vista, pasó por mi imaginación.
Y al fin comprendí cuál es la instrucción que faltaba en esas frases cliché como “vive la vida”. Nostalgia. Vive la vida con nostalgia. La nostalgia de tal vez no volver a ver a esa señora, la nostalgia de no volver a ver a aquel malabarista, la nostalgia de abandonar un segundo sin oportunidad de recuperarlo, la nostalgia de saber que lo único seguro es el presente, la nostalgia de haberte despedido de alguien en una mañana cualquiera y no verlo hasta quien sabe cuándo. No una nostalgia con la que las lagrimas se desatan, sino una nostalgia con la que valoras ver esa hoja de árbol, con la que valoras ver las manchas del concreto en la calle, con la que valoras aquel estornudo que dio un señor en lo lejos, con la que valoras escuchar el ruido de las personas hablando, con la que valoras estar sentado en un ese bus, en ese asiento, con tal ropa, con tal humor, con tales pensamientos, con esas personas, con esos chécheres, con ese chofer, con tal música. La nostalgia con la que valoras que ves, que escuchas, que sientes, que hueles, que saboreas, que piensas, que hablas, que sonríes, que respiras.
Y me sentí feliz de valorar los detalles quizá tontos que pasan mientras vas camino a casa. Me sentí feliz de sentir nostalgia. Nostalgia en la vida, eso es todo.
By: Kati'ka.

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